viernes, 9 de enero de 2015

"OBERTURA DEL TIEMPO". RESEÑA AL LIBRO "ETERNA BREVEDAD" DE LAURO ACEVEDO


En octubre fui presentador del libro "Eterna brevedad" del poeta ensenadense Lauro Acevedo. Escribí una reseña y fue publicada en esa ciudad. 

Comparto este suplemento cultural en donde aparece la reseña que hice.La reseña se titula “Obertura del tiempo


OBERTURA DE TIEMPO. ETERNA BREVEDAD DE LAURO ACEVEDO[1]

El poemario Eterna Brevedad de Lauro Acevedo nos aproxima a una atmósfera intimista en el que cada detalle, instante, claroscuro y humedal son entretejidos por una poética rica en imágenes, lenguajes y ritmos. El título es la invitación para adentrarse a la obertura del tiempo, desplegado en el cuerpo y su percepción.
Los apartados de este libro están construidos desde la sutileza y lo diáfano, sensaciones fugaces, recuerdos, memorias y momentos de la existencia que gracias al poeta encuentran su lugar en la sensibilidad humana a través de la escritura.
Versos aparentemente sencillos pero envueltos por un enigma que va más allá de conceptos y sentidos lógicos de la razón. La poesía aquí alude a otro lenguaje de sombras y silencios, anti-conceptos y ausencias que circundan la vida, apenas aprehensibles por el poeta capturador de palabras como mariposas que vuelan en la mente.
Versos que pueden hablar de amor, de angustia, de nostalgia, pero que en momentos parecieran disolverse en la inconmensurabilidad de la emoción, ese punto hueco donde las palabras salen sobrando. Y solo quedan el suspenso, el arrojo, la entrega.
Poemas breves en su lectura pero cargados de ecos que a veces se alargan hasta alcanzar misterios, resonancias al interior de nosotros. Embellecidos y fugaces, hablan también desde su mudez, cobran su anti-sentido en el silencio de la incomprensión. El sentido de los poemas se torna otro. Habla en otro código a la mentalidad. Murmuran desde su “lengua deslenguada” como lo diría José Luis Pardo, gritan su mutismo desde una garganta fantasmal, la que calla en los espacios, los tiempos, las sombras, las luces, las aguas. Soplo de presencia en el vacío.
Aquí es donde el poema adquiere vida propia frente a su autor, se rebela y se revela como flujo del éter capturado en la escritura, es la manera que tiene el poema de decirnos que la poesía no nos pertenece, somos apenas los cuerpos que la hacen posible, pero una vez liberada en lenguaje, causa estragos, nos afecta o nos pasa de largo. Y al ser cifrada desde la gramática se nos escapa de las manos, de la voz, de los labios, vuelve a su procedencia. La poesía se repliega al poema, tiempo mítico, eterna brevedad del eterno abrevadero. A pesar del mérito al poeta, a este solo le queda el triste y a veces vanidoso oficio de la repetición, tratando a los poemas como sus propiedades privadas, sus parcelas imaginarias, sus pírricas conquistas. ¿Pero quiénes somos para negar lo que nos satisface?
Celebro en este poemario su sencillez y también muchas de sus imágenes, algunos de sus versos que son como puntos de fuga hacia horizontes que se presienten más allá del cuerpo. Y si bien, una crítica posible a este libro sería por mantenerse dentro de lo poéticamente correcto en cuanto a los términos formales de la literatura, la poesía, el arte y sus sentidos de creación estética (eco de una poesía lírica que reivindica su lugar en el presente), la dedicación y agudeza con la que está construido renueva la vitalidad de su autor, a quien se le agradece que sigue cultivando y entreabriendo esa obertura sensible que es la poesía,  a pesar del horror, a pesar de la guerra, pues en ella persiste la eterna brevedad de una vida que se atreve a vivir, y dejar su testimonio en estos poemas.



[1] Presentación de libro en ICBC, Tijuana. 14 de octubre de 2014.

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